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Querida manzana.


1. Cosas Marchitas.

Cántame una canción sobre los perros de la calle que comen basura y ladran a las tristezas de la vida, a las canciones de desamor. Que el tiempo les bañe de presentes como una doncella vestida para ir a bailar.
Inolvidable canción desesperada a la orilla del río la que cantaba el árbol marchito lejos de su amor. No conoció la noche y el viento apagó sus suspiros, lejos, lejos de aquí; lejos, lejos, de mi corazón.
 
2. Enamorados de la noche.
Voy a partir hacia un horizonte muy lejano, allí encontraré a una flor, a una flor desesperada. Seguro que cuando las margaritas envidien su duro corazón ya estaremos lejos de allí.
Pasajeros de una noche sin estrellas van al mar, enamorados y en silencio secuestran a la luna.

3. Vámonos.
Vámonos, vámonos lejos de aquí, a un lugar o mejor aun sobre un árbol. Las aves nos traerán frutos del mar y comeremos manzanas y fruta, lejos del mundo. Vámonos, vámonos lejos de aquí, no podemos escapar. Mi invitación es fugaz de unos segundos quizás. No queda más que deambular cuando el corazón se ha perdido en las letras de un libro marchito.


4. La cura del río.
Escapé, escapé del castigo del río. Corrí tan rápido como pude y cerré los ojos cuando la lluvia me alcanzó. Voy a buscar un camino donde las flores vallan al mar. Me incendiaré con gasolina y buscaré el consuelo en el caudal. Como aquella vez en la que huí y tuve que dejar todo atrás.
No queda duda de que las flores son enemigas del mar, pues están armadas con cuchillos y navajas.
 
5. Minutos de miseria.
Desprecié a la madrugada, aquella vez en la que te vi reflejada en el cielo gris, como una canción sin lágrimas.
Corren veloces los perros entre la luz de la luna, van buscando el calor de alguna hoguera.
Voy a partir rumbo a la ciudad para refugiarme de la tranquilidad y alimentarme de mi historia… a mi corazón le agrada el dolor.

6. Recordar.
El dolor y la alegría se vieron frente a frente aquella vez para tomarse un licor. La gravedad del estado de mi corazón lo llevo en un papel para recordar.
La noche cubrió a mi soledad, le puso su palma en la frente para ver como estaba. Recordemos el ayer, recordemos el ayer, cuando fuimos felices, cuando había amor.

7. Luz de sol.
La luz entró por mi ventana, aquella vez en la que no recordaba nada de tanto caminar. Voy a buscar algo nuevo para darte esta vez, una canción que no escucharás pero que existe en mi corazón para que la busques alguna vez. La mañana tiene un reloj para despertar a mi triste corazón cuando no se quiere levantar y quiere partir bajo la raíz de cualquier árbol en el valle en el que te conocí.
 
8. Canción sin sombra.
Voy a buscar algo dentro de mí, algo para despertar del ayer y encontrar la paz. Vamos, levantémonos del dolor para asesinar al rey y escapar sobre algún corcel.
La canción que canto para no morir la llevo muy dentro de un girasol que guardé al fugarme del cementerio, lejos del dolor.
 
9. Nubes abiertas.
Corrí lejos, muy lejos para olvidar que estoy aquí, atravesé las veredas hasta ver la autopista, pedí algo de agua en una finca del lugar; pude saciar mi sed pero no, pero no el corazón. La alegría me abandonó. Ahora recuerdo a ese hombre que llevaba un arma y salía en televisión, él prometía la paz para todos… disparó, disparó en su cien, en su cien, disparó, disparó en su cien.
…Recordar el amor y volver a caer en una vorágine de frustración, no importa ya, somos libres, somos libres, como corceles sin montura como aves que vuelan cerca del sol, como el tiempo que corre sin piedad como las hojas que caen del árbol.

10. Silencios ausentes.
Brilla el arcoíris multicolor sin canciones para enamorar, brilla el acero de hace siglos nuevamente forjado para matar, la sangre derramada entre iguales… y los ricos desde sus escritorios ordenan la matanza de los humildes. En blancas vestiduras llegan los profetas a salvar a quien no los necesita, pero ganan buen dinero si logran engañar. Vamos a jugar un juego donde no exista más el dolor, yo llevaré un libro de cuentos de una época inexistente.
Hay una rosa en el tendedero, la puse ahí para esperar a que salga el sol.
 
11. Tierra quemada.
Iluminado está el camino de los que nacieron en grandes palacios…

Quiero cantar una canción sin nombre, ni color, allí donde la muerte escapa y se hunde en las fosas comunes.

Quiero levantar a todos los muertos para que cuenten su verdad, las flores nacen de pronto allí donde los niños cantan amores.


12. No hay finales sin comienzos.
Esta es una canción de despedida que cantaré para que el fuego no se apague y las aves canten por mí, mañana estaré durmiendo para siempre, quizás el próximo año o talvéz el próximo mes; cuando no quede nada que respirar, ni pulmones ni corazón, sabré partir.

Las flores marchitas narran una historia donde el tiempo es una canción ahora que todo ha acabado, ahora que todo ha llegado a su fin.
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